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domingo, 8 de marzo de 2009

Felíz día mujeres...

Siempre ten presente que la piel se arruga,
el pelo se vuelve blanco,
los días se convierten en años...
Pero lo importante no cambia,
tu fuerza y tu convicción no tienen edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier teleraña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío.
Mientras estés viva, siéntete viva.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas...
Sigue aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón…
¡Pero nunca te detengas!

Madre Teresa de Calcuta

martes, 18 de noviembre de 2008

La erosión psicológica del docente...


La erosión psicológica del docente: Un problema oculto
Por Jacinto Inbar *

"El hombre no está preocupado por las cosas,
sino por la idea que tiene de las cosas"
Epictecto
A aquellos que hemos tenido la suerte de cumplir roles educativos y que posteriormente incursionamos en el mundo de la psicoterapia nos es muy familiar la sensación de estar "fundido", "quemado", o "erosionado" —expresiones utilizadas con relativa frecuencia por un número significativo de docentes.
Esa sensación de agotamiento emocional que se expresa por una pérdida progresiva y gradual de la energía del docente y de su preocupación por satisfacer las necesidades del alumno ha sido ocultada o deslegitimizada por el sistema educativo, por los padres e inclusive por los propios educadores.
Esto ocurre simultáneamente con los esfuerzos que realiza la sociedad argentina por medio de su sistema educativo para desarrollar, difundir e implementar cambios importantes en las estructuras, programas, metodologías y contenidos adecuándolos a las necesidades emergentes de toda comunidad dinámica y moderna.
Este proceso de transformación puede realizarse efectivamente, en la medida en que todos los agentes de cambio significativos inviertan sus recursos ideológicos, capacidad profesional y sensibilidad en procura de tan trascendentales objetivos.
Los docentes cumplen un papel fundamental en este proceso de cambio. Sin embargo, la escuela, debido a su estructura organizacional jerárquica (sistema "plano", con pocas posibilidades de movilidad profesional interna), las expectativas del rol docente que han desarrollado la sociedad argentina y el propio sistema educativo, especialmente a partir del Congreso Pedagógico Nacional; los grupos de presión (entre ellos los padres y los propios colegas); y los receptores de la actividad pedagógica (los alumnos), como así también la entrega constante en la búsqueda de solución y satisfacción de las necesidades del educando, con su correspondiente carga emocional que ello significa, contribuyen potencialmente a la creación de condiciones estresantes y de un desgaste o erosión psicológica, que a su vez influyen en las atribuciones causales de su conducta, y especialmente en los efectos que su comportamiento produce en el educando.
Los datos obtenidos por medio de diagnósticos institucionales en colegios, encuestas realizadas en seminarios y talleres de reflexión, y en la práctica clínica con docentes, nos ha estimulado a considerar la relevancia de este fenómeno, el cual emerge justamente cuando se hacen esfuerzos significativos para desarrollar, revitalizar y transformar el sistema educativo, tratando de fortalecer simultáneamente la imagen del educador y revalorizar su profesión.
Cuando tratamos de descubrir algunas características idiosincráticas en aquellos docentes que reportan una mayor sensación o percepción de stress y un desgaste emocional considerable, descubrimos que este fenómeno ocurre precisamente en individuos comprometidos con su profesión y tarea educativa, lo que significa una base de dedicación, responsabilidad, involucramiento e identificación con los ideales y objetivos pedagógicos del sistema educativo.
Efectivamente, estos educadores constituyen el recurso humano más importante y significativo en la producción de las transformaciones y cambios deseados. Observamos entonces la existencia de una relación circular que debe ser modificada: los que pueden crear el cambio necesario son los más comprometidos, pero también los potencialmente más vulnerables a las posibilidades de la erosión psicológica y al desgaste emocional.
Sería conveniente realizar algunas aclaraciones conceptuales que ayudarían a la comprensión del fenómeno y, por ende, a identificar ciertas estrategias de confrontación eficaces.
El stress se produce en el educador cuando percibe una sobrecarga o exceso de las exigencias del entorno físico y social, superiores a las capacidades percibidas del individuo para responder satisfactoriamente. En otras palabras, el stress percibido es función de las amenazas percibidas y de los recursos de confrontación percibidos por el docente (Inbar, 1983).
La siguiente fórmula desarrollada en el mencionado articulo, nos permitirá ilustrar la relevancia de la evaluación cognitiva en la experiencia del stress, y podrá servirnos para comprender ciertas estrategias de confrontación efectivas.
Es decir que la intensidad del stress vivenciado por el docente dependerá de su percepción, la auto-evaluación de sus recursos, capacidades y mecanismos para confrontarse con los factores estresantes.
La percepción del educador, su evaluación cognitiva e interpretación de los factores del entorno, basadas en experiencias de aprendizaje social previas son las que determinarán la magnitud del stress vivenciado. Como fue claramente expresado por Baringoltz (1988), "lo que influye en gran medida en el estado emocional (del docente, en nuestro caso), en sus ideas y en su conducta no son los sucesos de la vida (del colegio) en sí mismos sino la interpretación que se hace de ellos". (Perspectivas Sistémicas, 1988, 1, pág. 7).
Desde una perspectiva relacional, es decir que tiene en cuenta las condiciones ambientales, las características del individuo y la relación entre los distintos factores desde una concepción multicausal, el stress y el fenómeno de la erosión psicológica son una relación particular entre el entorno físico y social y el individuo que lo evalúa como amenazante o por encima de sus capacidades o recursos personales. El comportamiento del educador es mediatizado por el proceso de evaluación cognitiva, él expresa una relación idiosincrática que se establece entre el docente poseedor de características peculiares y distintivas (creencias, valores, estilos de elaborar y procesar la información y la percepción) y el entorno.
Es importante diferenciar entre los dos conceptos mencionados, el stress y la erosión psicológica, pues no son sinónimos ni términos intercambiables. El poder suponer que la acumulación de vivencias estresantes conducen inevitablemente a la erosión psicológica del docente es errónea en su concepción. Mientras que el stress puede, eventualmente, producir efectos negativos, en circunstancias determinadas puede inclusive producir resultados positivos, potenciando los logros y el rendimiento. En cambio el desgaste emocional sólo tiene consecuencias negativas para la persona (docente) y para el receptor de su gestión educativa (alumno).
La erosión psicológica puede ser definida como un estado de agotamiento físico, emocional y mental proveniente de la interacción constante, intensiva y comprometida, en atmósfera cargada de emocionalidad.
Los docentes que experimentan esta sensación de agotamiento pierden la motivación y la preocupación que tanto los caracterizaba en otros momentos de su accionar educativo, disminuyen el contacto emocional llegando a relacionarse con el alumno de una manera desinteresada y deshumanizante.
La erosión psicológica conduce a una disminución del rapport entre el docente y el educando, en la calidez del educador y su satisfacción con la tarea e influye en la motivación del alumno y en la efectividad de la gestión educativa y los logros alcanzados por el educador-educando en el proceso creativo de enseñanza-aprendizaje. Inclusive este síndrome puede manifestarse a través de conductas dogmáticas y autoritarias, permitiendo poca expresión de los alumnos y sólo en situaciones firmemente controladas.
A esta altura del artículo es primordial enfatizar el peligro de acusar a la víctima. Nos referimos a que el educador erosionado, agotado, fundido, es en realidad producto de su propia conducta involucrada y comprometida, pero también, de un sistema organizacional que por su estructura, dinámica, expectativas (que incluyen la de los padres, colegas, supervisores, alumnos, sociedad y el "mandato ideológico"), vulnerabilidad y conflicto esconde un potencial enorme de erosión.
Con el tiempo se desarrolla en la persona un sentimiento de impotencia pues, a pesar de los esfuerzos realizados, el docente no recibe el reconocimiento y la valoración por los logros alcanzados. A esta sensación que se desarrolla al percibir el individuo que no puede controlar los resultados o contingencias de su propia conducta, acostumbramos a definirla como indefensión o desesperanza aprendida (Seligman, 1965, 1976).
Distinguimos oportunamente entre la manifestación del stress y la erosión psicológica, pudiendo considerar a esta última manifestación como una etapa final en la progresión de intentos infructuosos de confrontarse con las condiciones de stress negativo sin tener salida, sin contención o marco o sistema de apoyo.
Diversas pueden ser las estrategias de confrontación propuestas para la disminución del stress y su posible resultado gradual, la erosión psicológica, dependiendo su elección del modelo conceptual, referencial y operativo con el cual cada uno se identifique.
Algunas estrategias priorizan el enfrentamiento directo de los factores de stress (proponen por ejemplo de "entrenamiento asertivo"); otras privilegian la creación de grupos de apoyo social y profesional (con sus consiguientes funciones diferenciadas, v.g. de escucha, de apoyo y desafío profesional y emocional, esclareciendo la "realidad social"). Otras enfatizan la importancia de intervenciones sistémicas (productoras de un "verdadero cambio", o de "segundo grado"), o de Desarrollo Organizacional (OD) que modifique la estructura institucional e influya directamente sobre las variables etiológicas que produce el síndrome de la erosión psicológica (v.g. sobre-carga cuantitativa o cualitativa, el clima organizacional, las relaciones interpersonales, etc.).
Cada una de estas propuestas tiene por supuesto su potencial, sus ventajas y desventajas, inclusive algunas investigaciones han brindado datos contradictorios relacionados con los resultados de las distintas estrategias de confrontación. Algunas de éstas son prácticamente difíciles de implementar en las circunstancias actuales y en la realidad socio-económica argentina pues requieren, aparte de tomar conciencia de la situación, presupuestos considerables —como en el caso del Desarrollo Organizacional que, no obstante ser tal vez el más eficaz (el que puede producir el verdadero cambio), es también el más costoso.
Al mismo tiempo, si volvemos a detenernos en el esquema propuesto anteriormente, podemos identificar una posibilidad de que la persona pueda enfrentarse con esos eventos disminuyendo la magnitud, la extensión o intensidad de las experiencias de stress.
Observamos la importancia que tienen las cogniciones (percepciones, pensamientos, ideas, creencias) en el proceso de analizar las situaciones y eventos. En otras palabras, el stress que un docente vivencia dependerá de manera significativa de cómo evalúa los factores que amenazan su bienestar, o las exigencias de su entorno social (padres, "superiores", alumnos, etc.); de la importancia y valor de las consecuencias o de los resultados por la imposibilidad de satisfacer las demandas; y de la medida en que se percibe como capaz y poseedor de los recursos para confrontarse con la situación.
Siendo las emociones y las conductas del educador producto de cómo éste percibe, evalúa y estructura las situaciones y los eventos, podemos suponer que las vivencias de stress y de una potencial erosión o desgaste emocional "dependen" también de él. No es nuestro deseo cargarlo de mayor responsabilidad o de culpa, sino por el contrario, brindarle mayor independencia, autonomía y control en su interacción con la "realidad real".
La intención de nuestra propuesta es "re-educar" al docente, mejor dicho, que éste se auto-re-eduque, aprendiendo a verificar sus supuestos subyacentes, a cuestionar la realidad percibida, a reflexionar sobre distintas explicaciones o atribuciones alternativas, a corregir percepciones y evaluaciones desadaptativas y a adoptar conductas nuevas, ampliando su repertorio interaccional y habilidades de confrontación y resolución de problemas.
Tal vez de esta manera podamos contribuir, modestamente, en el bienestar del docente, en una interacción educador-educando más efectiva y menos desgastadora, en la disminución del abandono prematuro (producto del desgaste emocional) e indirectamente en la calidad del proceso educativo y en la posibilidad de la introducción de cambios tan necesarios en nuestro sistema educativo.


(*) El Dr. Jacinto Inbar de la Universidad de Derby (Inglaterra), Filial Israel es Psicólogo Clínico, Supervisor y Terapeuta Familiar y de Pareja, licenciado en Hipnoterapia, experto en Prevención e Intervenciones en Crisis y Desastres Masivos.

viernes, 24 de octubre de 2008

Urgencia de adultez... Sergio Sinay

http://www.sergiosinay.com/
“Hasta hace pocos años, la adolescencia era una fase en el desarrollo de las personas, luego se convirtió en una profesión; ahora es una nueva nacionalidad”. Corría 1971 cuando Donald Barr escribió estas palabras en su libro Who Pushed Humpty Dumpty?, una reflexión sobre el papel de los padres en la educación. Barr, quien murió en 2004 a los 82 años, fue un consagrado educador y escritor, decano de la prestigiosa Dalton School y de la Hackley School, ambas en el Estado de Nueva York. Cuando la entonces flamante cultura de la droga echó raíces en colegios y universidades estadounidenses, a mediados de los años 60 del siglo pasado, Barr se destacó por su posición y sus acciones rigurosas en contra de esa tendencia. Casi cuarenta años más tarde sus palabras parecen describir el estado actual de la sociedad argentina. Una sociedad adolescente, que lo es no porque se encamina hacia la adultez, y por lo tanto sólo se encuentra en una pasajera pubertad, sino que ha convertido a la adolescencia en su “nueva nacionalidad”, en un modo de ser y vivir. El especialista alemán en enfermedades psicosomáticas Rudiger Dahlke, autor, del célebre La enfermedad como camino, describe a la adolescencia (en Las etapas críticas de la vida) como una etapa de cambios incesantes, de desconocimiento y descontrol respecto del propio cuerpo, como un tramo guiado por apremios repentinos, en donde domina el impulso y no hay espacio, tiempo ni madurez para la reflexión o la comprensión de los hechos y circunstancias que se protagonizan. Es una fase en la que se desafía a lo existente bajo la creencia de que la historia empezó con uno, existe la tendencia a creerse inmortal y se asumen riesgos absurdos y extremos en el afán de afirmar la propia identidad ante los otros. Se cuestionan normas, se quiere todo de manera inmediata, cuesta aceptar los límites que imponen los mayores o la vida, los estados de ánimo son cambiantes, intempestivos, van de la euforia sin motivo a la más profunda e inexplicable tristeza, de la exaltación generada por cualquier motivo (una conquista amorosa, un triunfo deportivo, el consumo de alcohol, el estreno de unas zapatillas) al más negro de los humores. Y todo sin transición. Tan pronto el adolescente se siente el más bello de los ejemplares humanos, como sucumbe en la más baja autoestima ante la aparición de un grano. El futuro significa nada, una palabra extraña que preocupa a los adultos vaya a saber por qué. Todo es hoy. El gran especialista en terapia familiar Frank S. Pittman dice (en su trabajo Momentos decisivos) que los adolescentes “son poco capaces de actuar contrariamente a sus impulsos o talante, ni aún por su propia supervivencia y todavía menos en bien de su futuro”. Y agrega: “En la vida de una familia, no hay época alguna en la que se requiera mayor estabilidad que durante la adolescencia de uno de sus miembros, sin embargo el adolescente no ofrece ninguna estabilidad, sino que debe extraerla de su familia, no puede venirle de adentro ni de sus pares, tan inestables como él”. Ninguna de las características enumeradas hasta aquí es patológica en sí, se trata de una descripción fenomenológica. Participar de las generalidades de la adolescencia mientras se es adolescente resulta algo natural. El problema sobreviene cuando una masa crítica de adultos dentro de una sociedad se aferra a aquellos comportamientos y los hace parte habitual de su vida y de sus vínculos. Esto ya no es natural. Cuando los adultos se niegan a serlo, cuando pujan por estacionarse disfuncionalmente en una fase cronológicamente superada de su desarrollo evolutivo, no sólo desertan de su maduración y reniegan de las experiencias superadoras, sino que quedan al margen de todo aprendizaje y descartados de la sabiduría. Rozan la patología. En la sociedad argentina de hoy esa masa crítica existe y está compuesta por adultos de toda condición social, cultural y económica, que se desempeñan en diferentes ámbitos y funciones. La suma de sus comportamientos en su vida pública y privada convierte a la argentina en una sociedad adolescente, dicho esto en el más sombrío y preocupante sentido de la palabra. Una sociedad es adolescente cuando sus adultos matan y se matan en las rutas, conduciendo sin respetar normas, sin asumir responsabilidades, obsesionados por dar absurdas demostraciones de no se sabe qué habilidad o falso coraje. Una sociedad es adolescente cuando sus dirigentes (políticos, empresariales, sociales) actúan urgidos por sus intereses propios, desconociendo toda noción de pertenencia a un conjunto, así como un adolescente se prioriza por sobre su familia. Una sociedad es adolescente cuando la mayoría de sus miembros adultos desprecia los espacios públicos y comunes, los maltrata, los usa en beneficio propio, cuando ensucia, no cuida, invade, depreda creyendo que esos espacios se autoconservan o que “alguien” (un funcionario, un adulto, “cualquiera”) se hará cargo de limpiar, reponer, ordenar, pagar, como lo hacen papá, mamá, la mucama, el portero o el preceptor. Una sociedad es adolescente cuando la mayoría de sus miembros confunde sus deseos con derechos y considera que los mismos tienen que ser satisfechos en el acto, por encima de cualquier razón y antes que los de otros o a costa de estos. Y es aún más adolescente cuando dividida en “tribus urbanas” (o piquetes de todo tipo y color) depreda, interrumpe, impide, descalifica, ignora, perjudica en nombre de sus declamadas urgencias. Cuando esas urgencias se convierten en las únicas válidas, la falsa adolescencia es aún mayor. Y sus consecuencias se agravan cuando hay ausencia de adultos dispuestos a asumir su rol de tales marcando límites, orientaciones y normas. Una sociedad es adolescente cuando una masa crítica de sus componentes ignora las reglas, se burla de ellas, cree que las transgresiones (límites de velocidad violados, normas de convivencia incumplidas, leyes burladas, obligaciones impagas, deberes eludidos) son sólo travesuras, que son graciosas y que dan carné de vivo, de listo. Y se hace más adolescente aún cuando esa masa crítica se acostumbra a vivir sin sanciones, a esperar moratorias (que siempre llegan), a cuestionar todo límite. Una sociedad patentiza su adolescencia cuando la masa crítica jamás de hace cargo de las consecuencias de sus acciones personales y cuando, en lo personal y en lo colectivo, busca culpables afuera, cree que los “otros” la persiguen, que el mundo está en contra. El adolescente sostiene que el profesor tal o el preceptor cuál se la “tiene jurada” por qué sí, que el adulto cuál tiene “mala onda” o que cualquiera que le recuerda una obligación es un “amargo”. Una sociedad es adolescente cuando una proporción altamente significativa de sus miembros cree que no hay diversión sin alcohol (las fiestas que empiezan a la medianoche y se basan en ruido y bebida, sin interacción ni comunicación, están lejos de ser prioridad de los verdaderos adolescentes, cada vez más adultos ignoran cómo “divertirse” sin esos elementos). Y cuando esa misma proporción de sus habitantes no confía en sus propios recursos existenciales y necesita siempre algún tipo de dopaje (psicofármacos, autos cada vez más veloces, artilugios tecnológicos cada vez más sofisticados, variados rejuvenecimientos artificiales), del mismo modo en que los adolescentes necesitan afirmar su identidad a través de la ropa, las zapatillas, el mp3, el celular estrambótico, el piercing, etc. La pregunta, ante todo esto es: ¿una sociedad congelada en un estado de adolescencia perenne, disfuncional y tóxica por obra del comportamiento de la mayoría de sus adultos, puede guiar a los verdaderos adolescentes (a quienes lo son no por “nacionalidad” sino porque ese es el momento de sus vidas), hacia la construcción de una vida responsable, de una existencia preñada de sentido? ¿Puede exigirles a sus hijos que crezcan? La respuesta sólo puede provenir de los adultos que aún sobreviven en la sociedad argentina. Y de quienes despierten del ocio de una adolescencia disfuncional, ilusoria y tardía. Estén en la función que estén, hagan lo que hagan, tengan el cargo que tengan.


Sergio Sinay

miércoles, 22 de octubre de 2008

Lucha...

Lucha
Hamlet Lima Quintana

Hay días en que la paciencia se acaba,
como el pan de los pobres.
Ésos son los días exactos,
como un alumbramiento,
para iniciar la lucha.

viernes, 22 de agosto de 2008

Maestros...


La actitud creativa termina con los lamentos y las excusas. Es calidad de percepción, acción inteligente que nos permite superar los conflictos con la riqueza de alternativas que nos ofrece cada situación.

La creatividad despierta el poder que duerme en nuestra imaginación; es osadía, aventura para descubrir y aprender de los cambios; es respuesta hábil, no impotencia explicada o reclamo por lo que nos falta.

Hace años, un supervisor visitó una escuela primaria. En su recorrida observó algo que le llamó pode-rosamente la atención: una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían gran desorden; el cuadro era caótico.

Decidió presentarse:- "Permiso, soy el supervisor de turno... ¿algún problema?"

- "Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos... No tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles..." El supervisor, que era un docente de alma, vió un corcho en el desordenado escritorio. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos:

- "¿Qué es esto?"

- "Un corcho señor"... gritaron los alumnos sorprendidos.

- "Bien, ¿De dónde sale el corcho?"

- "De la botella señor. Lo coloca una máquina...", "del alcornoque, de un árbol .... "de la madera...", respondían animosos los niños

.- "¿Y qué se puede hacer con madera?", continuaba entusiasta el docente.

- "Sillas...", "una mesa...", "un barco..."- "Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué provincia argentina pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar?" Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, etc.

La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida:- "Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias".

Pasó el tiempo. El supervisor volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden...

- "Señorita...¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?"

- "Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho ¿Dónde lo dejó?"


Enrique Mariscal
"Cuentos para regalar a personas inteligentes"

jueves, 21 de agosto de 2008

Convivencia...


Sufra menos, sea eficiente....
Si abrió, cierre.
Si encendió, apague.
Si conectó, desconecte.
Si desordenó, ordene.
Si ensució, limpie.
Si rompió, repare.
Si no sabe reparar,busque quien lo haga.
Si no sabe que decir, cállese.
Si debe usar algo que no le pertenece, pida permiso.
Si le prestaron, devuelva.
Si no sabe como funciona, no lo toque.
Si es gratis, no lo desperdicie.
Si no es asunto suyo, no se entrometa.
Si no sabe hacerlo mejor, no critique.
Si no puede ayudar, no moleste.
Si prometió, cumpla.Si ofendió, discúlpese.
Si no sabe, no opine.Si opinó, hágase cargo.
Si algo le sirve, trátelo con cariño.
Si no puede hacer lo que quiere, trate de querer lo que hace.
Andrés Farenga

miércoles, 20 de agosto de 2008

Hay que llegar a la cima...


Hay que llegar a la cima,
arribar a la luz,
darle un sentido a cada paso,
glorificar la sencillez de cada cosa,
anunciar cada día con un himno.
Hay que subir dejando atrás
el horror y los fracasos
arrastrarse y horadar la piel para ascender
y cuando por fin
lleguemos a la cumbre
entonces, darnos vuelta
y estirar las manos hacia abajo
para ayudar
a los que quedaron rezagados...




Hamlet Lima Quintana

domingo, 17 de agosto de 2008

Hoy es un día violeta...


Hoy es un día violeta, es decir que amenaza con lluvia. De veredas repletas de gente que apenas se mira. Así son los días violetas. A mi me pasa que quiero escribir un cuento y la lapicera se me corre de las manos. Qué tengo ganas de tomar leche con galletitas y seguro que si voy a la mesa me encuentro con un tazón de té. Y que no me enojo porque los violetas no son días de enojarse.
Podría ser azul, como cuando el cielo es un espejo y las caras de las personas parecen flores que se abren contra el viento. O rojo, cuando todo parece estar a punto de suceder; una risa a punto de estallar, dos manos a punto de estrecharse, un avión a punto de levantar vuelo. Pero no, ni rojo ni azul. El día de hoy es violeta y así son los días violetas.
Por mucho que uno quisiera no podría volverse amarillo. Un día amarillo claro. De esos en que los ojos se quedan atrapados en el vidrio de una ventana y los recuerdos son de atrás para adelante y de adelante para atrás. Como si se abriera un álbum de fotografías y las caras risueñas de los amigos vivieran de nuevo momentos que ya pasaron.
Esos días amarillos en los que uno está dentro de la casa porque llueve. Esos días amarillos que se confunden con los grises porque cuando llueve el cielo se pone gris, sin embargo los días grises son distintos. En ellos puede haber sol y los árboles estar más que florecidos. En los días grises es la mirada de uno la que tiene nubes y entonces por cualquier cosa se llora. O se hace puchero. O un nudo en la garganta simplemente porque sí. O porque uno quisiera que fuera un día azul y las nubes de la mirada lo nublan todo.
A mí me gustan los días verdes, como las copas de los árboles en primavera. Como enormes extensiones de campo vistas desde lo alto. Son días en los cuales los edificios parecen construidos de pasto y hasta los delantales blancos de la escuela parecen hojas moviéndose de aquí para allá. Unos se cuenta desde que amanece cuando un día es verde.
Hay días lisos, con pintitas y multicolores. Horas anaranjadas con horas fucsias que se mezclan y tardes blancas para enamorarse.
Así se desliza la vida. Desde la paleta de un pintor desconocido. El tiempo se derrama gota a gota del pincel.
Por eso hoy es un día violeta y tal vez mañana sea rojo o dorado o transparente. En uno de esos quizás nos encontremos...

Silvia Schujer

(Este cuento es un regalo que recibí en 1995 de Julieta Aldana Castagnola, una alumnita de séptimo)

viernes, 15 de agosto de 2008

Polinización cruzada...


En cierta ocasión, un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.
-"¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?", preguntó el reportero.
-Verá usted, señor -dijo el agricultor-, el viento lleva el polen del maíz maduro de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz, debo ayudar a que mi vecino también lo haga".

domingo, 10 de agosto de 2008

El mundo... Galeano...


Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
El mundo es eso- reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Eduardo Galeano...

miércoles, 6 de agosto de 2008

Educar...

"Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca...
Hay que medir, pesar, equilibrar...
Pero para eso uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de poeta,
un poco de pirata
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar
que ese barco -ese niño-
mientras uno trabaja
irá muy lejos por el agua...
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras y pensamientos
hacia puertos distantes,
hasta islas lejanas...
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos
seguirá nuestra bandera enarbolada"

F. Gainza